NÚMERO
47



NÚMERO
ESPECIAL

TEXTOS Y CONTEXTOS

Estética y confinamiento

Aesthetics and confinement

Resumen

El presente artículo aborda la importancia del campo artístico y de la estética en un tiempo de transición generado por la pandemia que actualmente está afectando al mundo. Asimismo, destaca la importancia de la política en su vínculo con el arte y la ética en el contexto de un nuevo orden mundial. Los procesos digitales son clave en la mutación cultural de este nuevo siglo, ya que implican un sentido relacional en las nuevas prácticas artísticas y otra forma de estetización en la vida cotidiana.


Abstract

This paper addresses the importance of the artistic and aesthetic fields, in a time of transition generated by the COVID-19 pandemic, currently affecting the world. It highlights the importance of politics in its links with art and ethics, in the context of a new world order. Digital processes are key to the cultural mutation of this new century, they imply a relational sense in new artistic practices and another form of aestheticization in everyday life.



Adriana Zapett Tapia / historiadora del arte
INVESTIGADOR DEL CENIDIAP
azapett@hotmail.com


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Estética y confinamiento

La estética en cuarentena hace referencia a un cambio de dirección en la construcción de sentidos y significados en el campo artístico. Este cambio alude a una reestructuración mental y a una intensificación de las prácticas digitales en todos los ámbitos.

La mutación mental de este tiempo puede ser abrumadora; ha modificado la unidireccionalidad de los saberes disciplinares, ha permitido la interrelación de los conocimientos desde diversos puntos interpretativos y modificado la concepción espacio-temporal. A los individuos eruditos y de un saber profundo se contraponen los nativos digitales: navegantes y surfistas altamente conectados por sus intrincadas rutas múltiples de búsqueda.

La pandemia nos impuso el aislamiento, el encierro y el no contacto; no obstante, podemos ser pensados como una piel emocional que anhela la proximidad, el afecto y el diálogo.

Si bien se fue privilegiando el territorio de la virtualización para dar continuidad a las prácticas artísticas, culturales y sociales, entre otras, a escala global; no sólo se trata de enfocarnos en las tecnologías convergentes, en las redes informáticas o en las posibilidades de conectividad y de complejidad de los lenguajes de programación contemporáneos (la Big Data a manera de ejemplo), o sea en lo puramente tecnológico.

La abismal desigualdad en las condiciones económicas de los países en vías de desarrollo y los más desarrollados, además de la ambición incontenible de estos últimos por ganar mercados, territorios y poder en el planeta, hacen evidente que también la desigualdad en el acceso a los avances tecnocientíficos sólo es parte de las muchas problemáticas de no acceso al empleo, educación, salud y alimentación adecuados para numerosos grupos de personas.

Esto es de vital importancia porque las condiciones físicas y emocionales van entrelazados, y ello involucra a la representación que tenemos del mundo. Por ellos, nunca debemos de desistir en el combate de la abusiva concentración y acumulación de capital y recursos por parte de unos cuantos dedicados históricamente a devastar al resto. La estética en cuarentena puede ser pensada como una actitud de lucha libertaria.

En el entorno humano concebido cada vez más en términos tecnológicos, de robotización y automatización, las políticas actuales promueven de diversas maneras la transición de escenarios reales a virtuales y el desplazamiento hacia la comunicación, control y vigilancia digitales, mismos que ya estaban más que desarrollados por las empresas trasnacionales de la información desde fines del siglo XX.

El Internet de las cosas, la intercomunicación mundial, las redes sociales, los procesos de digitalización y las formas de pensar sintéticas conforme las narrativas actuales ya eran vectores claves en la transformación hacia un nuevo orden mundial.

La aparición de un nuevo coronavirus en Wuhan, China; el SARS-CoV-2, vino a trastocar todo y dio origen a un modelo biopolítico de reclusión a nivel internacional. Este virus, que aún representa una amenaza para los humanos, no sólo implica la catástrofe o la fatalidad para muchos sectores afectados en su economía, también ha sido un detonante estratégico para un reacomodo entre las principales fuerzas de un amplio campo tensional creado por el capitalismo del siglo XXI.

Una de las manifestaciones de este inmenso poder que se está moviendo tanto en los términos geopolíticos sobre la investigación científica y el desarrollo de una vacuna como el control y acceso a la misma, muestra su importancia en términos del Estado trasnacional en el mundo.

Se han invertido millones de dólares en las fases experimentales requeridas por los organismos y normas establecidas para la salud, y a la vez las farmacéuticas internacionales[1] ya preveen que la producción de las vacunas que permitan controlar la pandemia; esto les asegurará un enriquecimiento considerable por su producción masiva, recuperando así mucho más de lo invertido. En tiempos de guerra no explícita esto es similar a la carrera armamentista del periodo denominado como Guerra Fría.

Implantado o producto del propio comportamiento y evolución de los virus y sus mutaciones en nuestro planeta, esta pandemia ya es parte de la experimentación en los laboratorios sociales en el mundo, lo cual nos hace preguntarnos sobre su origen y sobre quiénes han sido responsables de la sombra oscura que emerge de toda esta mortandad. De ahí que, en un mundo donde todo se ha vuelto control, la enfermedad y la cura son parte de ello.

En este punto nos interesa la relación entre la ética y el poder y entre el arte y la política, pues la mayor parte de los discursos artísticos en un sentido u otro responden a algo de carácter político. En un momento en que el dolor es grande, en el que la muerte deambula de forma invisible y clandestina, ser sensibles, ser empáticos y creativos nos permite modularlas pulsiones de muerte y vida.[2]

Aunque un régimen de instantaneidad, intermitencia, velocidad, fugacidad y aleatoriedad en nuestras formas de vida contemporáneas nos ha impuesto conductas individualistas y egoístas, no olvidemos que ahora y desde siempre nos construimos como sujetos en y con el otro o los otros.

Por el miedo a la muerte, por instinto de sobrevivencia, por obediencia o desobediencia de las normas sociales, por rebeldía o por sumisión; se han visto actos salvajes, canallas, cínicos o inhumanos y actos solidarios, empáticos, amorosos, sensibles que nos obligan a debatir sobre ellos como seres complejos y pensantes.

Somos vulnerables y fuertes, militantes constantes en la vida y necesitamos tomar conciencia del acontecer histórico, de los relatos personales y de aquello en lo que somos partícipes de los eventos de nuestro tiempo. El bien común debe importarnos como seres gregarios que compartimos trayectos y transiciones de una historia a la otra para dar sentido a la Historia con mayúscula.

En esta dirección el arte nos activa y nos moviliza, nos posiciona y nos sensibiliza; el arte da cuenta de la capacidad para significar la belleza y la fealdad, la soledad y la alegría, abyección y nobleza, entre muchas otras categorías y emociones, por lo cual tendría que ser visto como un medio valioso para dar un nuevo cauce a los males que trae consigo el confinamiento y la enfermedad; además los creadores y productores artísticos deberían de ser considerados en toda su dimensión e importancia y dejar de ignorar la precarización que padecen muchos de ellos en tiempos de pandemia.

Asimismo, las prácticas contemporáneas no objetuales, inmateriales, performativas e instalativas y posconceptuales, apuntan de diversos modos a actitudes y concepciones críticas. No es cuestión de pensar sólo en términos de un legado histórico del arte, sino de una configuración modélica que plantea simultaneidades, bajo una división dinámica de los cambios de significación para entender desde donde pensamos el territorio de lo sensible y esto puede ser parte de una mutación.

Si el confinamiento ha sido el mecanismo elegido para evitar la expansión y el contagio del virus, que éste sea una via constructiva y creativa y que ofrezca alternativas para la melancolía, la depresión y el despojo de la vida afectiva.

Tomando en consideración que el encierro debilita y cansa, sin las emociones y sentimientos profundos por los que nos damos en la vida y por esas sensaciones, pasiones y afectos que le dan tintes, tonos, texturas, vibraciones, gradientes, matices y alteraciones al mundo, un mundo que no ofrece el potencial de lo estético, para el ser humano es un mundo sin brillo y no es un buen mundo para vivir en él.

Desde el régimen de lo imaginario, la vida sigue su curso en este confinamiento a través de las pantallas como si de verdad fuese posible un mundo aséptico sin riesgos. Los recorridos virtuales por los museos y sus exposiciones; la impartición de clases, cursos, seminarios, coloquios, foros, encuentros, conciertos, obras teatrales, dancísticas mediante plataformas digitales; en fin toda clase de mediaciones y dispositivos informáticos e institucionales para fabricar una ficción de distanciamiento social no es la parte medular del encierro. Nos distancian más las ideologías, las desigualdades socioeconómicas y los muros reales e imaginarios que los países y los individuos no dejan de erigir para absolutizar sus estilos de vida y de creencias.

Así como la relación intrínseca del adentro y del afuera, de la presencia y la ausencia, de la claridad y la oscuridad como parte de una infinidad de dualidades que complejizan lo real de la realidad con todos sus contrastes y combinatorias no nos hace indiferentes a lo relacional de un mundo diverso, porque ni los que permanecemos en el resguardo ni los que se hayan desprotegidos podemos no ser testigos de lo propio y de lo ajeno en el confinamiento.

En los hogares la violencia ha sido interiorizada e invisibilizada y en las calles, los sintecho, los indigentes carentes de prácticamente de todo lo necesario para una vida digna, se debaten entre la enfermedad y la locura, y entre las violencias visibles a causa de las drogas, de la represión policiaca y de los múltiples abusos que se dan en el espacio público.

Pasar al terreno de lo sensible exige enfrentar lo real, dejar la fascinación del espectáculo, abandonar el comfort de la pantalla y asumir el dolor de los demás; dar otra dirección a la estetización de la vida cotidiana implica una mirada que interiorice y exteriorice tanto lo lúdico como el horror, pues ni vivir ni morir se reduce a lo virtual. Dentro o afuera no dejamos de ser sujetos activos que protestan, se manifiestan y disienten de las desiciones que de manera externa se toman en relación con la vida comunitaria. Por ello no demos permanecer inmóviles y dejar que nos arrebaten nuestros propios modos de hacer futuro.


Conclusión

El cambio es estructural y es radical, no se trata de pretender una nueva normalidad; hay que cambiar el sentido de lo que implicó este acontecimiento que destruyó formas de vida y trajo consigo muertes dolorosas. No se queda en lo cuantitativo y estadístico, de contagios, fallecimientos y carencias de equipos, medicamentos y de más insumos médicos; estos sólo son los efectos no las causas. La pandemia se derivó más de la explotación, marginación, corrupción y prepotencia de entre los que detentan el poder.

Mientras sólo traslademos la escuela antigua con todas sus deficiencias al medio televisivo y a la alta tecnología, sólo nos mantendremos en la política del simulacro. Los programas sociales, las políticas educativas, alimenticias, de salud y de Estado, tienen que repensarse porque el nuevo orden mundial sí es una amenaza para todos y no estamos en la mejor posición del tablero de ajedrez.

“Lo que hace al capitalismo global más difícil de combatir en nuestros díases el hecho de que se ha vuelto más depredador, no menos”.[3]

Esto además conlleva que las formas de actuar en lo ético y lo político permanezcan en conflicto permanente, pues no responden a los mismos intereses; algunos grupos se atienen a lo comunitario y a la sociedad civil y otros a los intereses privados y del capital.

Los desplazamientos artísticos a lo largo del siglo XX cambiaron casi por completo el escenario del arte y de la estética, de ahí que se fue renovando el lenguaje con el que nos referimos a los procesos de hibridación artística contemporánea y a la manera de nombrar a los productores actuales, con un sentido orientado más en función de una producción que de una creación.

“La estética relacional rechaza las pretensiones a la autosuficiencia del arte como si fueran sueños de transformación de la vida por el arte, pero reafirma sin embargo una idea esencial: el arte consiste en construir espacios y relaciones para reconfigurar material y simbólicamente el territorio común”.[4]

Estética y confinamiento son parte de los vínculos que como sujetos humanos debemos asumir con una dirección distinta. Estamos presenciando una profunda descomposición social y nuevas reconfiguraciones, multiculturalidad, migraciones, desempleo, enfermedades, deterioros ecológicos y ambientales, etcétera. Somos y estamos en el cambio y vamos de un trayecto a otro siempre en un transitar constante, quizá ya no nos detengamos hacia lo perdurable pero si podemos ir entretejiendo vínculos afectivos y profundos entre nosotros, para enfrentar un mundo lleno de cambios.

Este texto es producto del Seminario Problemáticas del arte actual, del Cenidiap, coordinado por el maestro Humberto Chávez Mayol.  



Bibliografía

Baricco, Alessandro, Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, Barcelona, Anagrama, 2017.

Byung-Chul Han, Topología de la violencia, Barcelona, Herder, 2016.

Eagleton, Terry, Los extranjeros. Por una ética de la solidaridad, Madrid, Ediciones Paidós, 2010.

Rancière, Jacques, Sobre políticas estéticas, Barcelona, Universitat Autónoma de Barcelona, 2005.

Sopa de Wuhan, Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias , Editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), 2020.



Semblanza de la autora

Adriana Zapett Tapia . Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido investigadora en la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Nacional y en el Museo Nacional de Arte, del INBA, y desde 1990 a la fecha en el Cenidiap. Su especialidad es en arte actual y arte digital, sobre estos temas ha publicado numerosos artículos de divulgación, ensayos y libros.



Recibido: 24 de septiembre de 2020.
Aceptado: 25 de noviembre de 2020.

Palabras clave
orden mundial, control, trasnacional, digital, interconexión.

Keywords
world order, control, transnational, digital, interconnection.

 

[1] Empresas como Pfizer, Astra Zeneca, Johnson & Johnson, BioNTech SE, entre otras. Este dato fue obtenido del boletín de la OMS 2020. De los 172 proyectos de vacuna, el Organismo Mundial de la Salud reconoce sólo 43 en desarrollo de los países miembros. Cabe mencionar que la vacuna Sputnik V que ya se encuentra en el mercado no es reconocida por la OMS.

[2] La pulsión de muerte entendida como la capacidad de agresión y destrucción intrínseca al ser humano. Este concepto fue formulado por Sigmund Freud en su obra Más allá del principio del placer.

[3] Terry Eagleton, Los extranjeros. Por una ética de la solidaridad, Madrid, Ediciones Paidós, p. 572.

[4] Jacques Rancière, Sobre políticas estéticas, Barcelona, Universitat Autónoma de Barcelona, 2005, pp. 16-17.