NÚMERO
48



JULIO
DICIEMBRE
2021

SEPARATA

Entrevista de Haydée Girón Rivas
(exdirectora de EDINBA, periodo 2013-2017)

Haydée Girón Rivas interview
(former director of edinba, period 2013-2017)

POR Martha Eugenia Alfaro Cuevas
Mayo 2021
 


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¿Nos podrías platicar el contexto de la Escuela de Diseño cuando ingresaste como alumna?

Ingresé a la Escuela de Diseño en 1985, un año marcado por el fuerte sismo que sacudió a la ciudad de México el 19 de septiembre. Teníamos pocos días de haber iniciado clases cuando ocurrió el evento. Nuestra escuela estaba ubicada en la Ciudadela, por lo que nos tocó estar en el “ojo del huracán”. Como prácticamente toda la zona centro, la escuela paró, pero no su comunidad, que actuó de manera solidaria en las actividades de apoyo y memoria de una tragedia que conmovió a México.


¿Qué acontecimiento importante ocurrió cuando te encontrabas en el último año de la carrera?

Desde 1987, mi generación también fue testigo de la difícil situación política que se dio durante el proceso de salida de la escuela de La Ciudadela, cuando las autoridades decidieron darle otro uso a ese edificio histórico. Fuimos partícipes junto con los docentes, de las discusiones, protestas y manifestaciones para solicitar la sede adecuada. En ese entonces, las autoridades del INBA nos ofrecían el claustro de San Pedro y San Pablo, donde está actualmente el CENCROPAM; oferta que no se aceptó porque era un lugar de difícil acceso, inseguro e inadecuado. Finalmente, se vio una luz en el camino, cuando nos ofrecieron como sede un edificio que había ocupado el Instituto Politécnico Nacional en la colonia Tránsito. En 1988 la comunidad de las Escuelas de Diseño y de Artesanías nos mudamos a Xocongo 138. Un año después, en 1989, egresé de la licenciatura. La nueva sede cambió radicalmente la dinámica escolar, pero tengo muy buenos recuerdos de mis compañeros y maestros en ambos sitios.


¿Cómo te convertiste en docente de la escuela?

Desde que era estudiante trabajé en un despacho de diseño con lo que complementé mis aprendizajes. Este fue un antecedente útil para que el arquitecto Rodrigo Fernández, quien fue mi profesor en el último año de la carrera, me invitara a trabajar en su despacho del que fue socio Segundo Pérez, en ese tiempo, director de la Escuela.

Por ahí de 1993, visité la escuela por una diligencia de trabajo y me encontré con mi maestra Rebeca Hidalgo. Ella fue quien me invitó a cubrir la clase del curso básico en la que faltaba un profesor. Mi primera reacción fue de miedo y nerviosismo, pero me ofrecía apoyo en el proceso didáctico, pues daría la misma clase que ella. Acepté y realicé los trámites correspondientes. Tuve certidumbre por el profesionalismo y la buena madera de Rebeca, que era una gran maestra con mucha experiencia. Ese año conformamos el grupo de docentes de Orden Básico junto con Rebeca, tres nuevas maestras: Anabel Sánchez, Silvia Díaz y yo. Desde aquel momento me entusiasmó mucho pertenecer al equipo académico de la Escuela.


¿Platícanos tus experiencias con la implementación del plan de la Licenciatura en Diseño 1994?

Como mencioné, ingresé como docente en 1993, ese año un equipo académico liderado por Rebeca Hidalgo elaboraban el nuevo Plan de Estudio de la Licenciatura en Diseño que despegó en 1994. Como yo acababa de ingresar a la Escuela como docente, no tuve inconveniente en adoptar y trabajar con nuevas dinámicas académicas, pero fui testigo de las resistencias que se dieron a partir de la implementación del nuevo programa; muchos docentes con años de servicio se sintieron vulnerados y fue evidente su inquietud e incertidumbre por la transición entre los cuatro planes de estudio de 1975 —gráfico, textil, muebles y objetos— que representaban la tradicional EDINBA, al nuevo programa que integraba las disciplinas del diseño en una sola licenciatura “sin apellido”. Incluso maestros que participaron en la elaboración de ese nuevo plan cuestionaron algunos enfoques académicos y la propia operación que implicaba una gran complejidad. Por ejemplo, generó inconformidad la desaparición de talleres que se habían fundado para las carreras de Muebles y Objetos.

Se apostó a la tecnología, sobre todo con la llegada de las computadoras al oficio del diseño. Se priorizó el concepto de proyecto y hasta en algunos casos se impulsó la idea de que el futuro diseñador ya no tenía que trabajar largas horas dentro de un taller. Esto con el ideal de que a su egreso no salieran a trabajar a niveles técnicos; por ejemplo en talleres de serigrafía. Una de las visiones más importantes del nuevo plan, fue la de impulsar a los estudiantes para que asumieran proyectos de mayor envergadura y complejidad conceptual con herramientas teóricas, metodológicas y un ritmo de trabajo más apegado a la realidad profesional.

Recuerdo que en mis tiempos de estudiante, la producción en la clase de diseño en ocasiones se limitaba a hacer un cartel y un folleto durante todo el semestre; en el nuevo plan el ritmo académico cambió, se realizaban varios ejercicios y diseños en un semestre, la exigencia era mayor, pero no necesariamente la profundización de contenidos.

Algo memorable, ¿imaginas la posibilidad de integrar a maestros de distintos perfiles y trabajar juntos en el mismo salón de clase? Pues fue posible en el plan 94 como una medida inmediata para abarcar los contenidos con una mirada interdisciplinaria. Con el tiempo, la medida se convirtió en una de sus virtudes.


¿Cómo llegaste a ser coordinadora del Área de Diseño?

La maestra Rebeca Hidalgo coordinaba la implementación del programa académico y tuvo que conformar un grupo de coordinadores que estuviera dispuesto a colaborar en las nuevas dinámicas e impulsaran la operación. Como ya teníamos un año trabajando juntas en el curso básico de diseño, me invitó a colaborar como coordinadora del Área de Diseño; posteriormente el nombramiento lo realizó la Dirección de la Escuela. Los coordinadores de área, tuvieron mucha importancia en los inicios del nuevo plan, eran como los directores de orquesta de la Licenciatura. Conformamos el equipo de coordinadores de aquel inicio, junto con Rebeca, Arturo Díaz Belmont, Jorge López, Rigoberto Piedra, Berenice Miranda y yo. El maestro Alejandro Rodríguez, que era el Secretario Académico en ese momento, se involucraba poco en las reuniones de academia, y nos dejaba en gran medida la capacidad de decisión.

Cuando Alejandro dejó la Secretaría Académica y pudo incorporarse a dar clases en el área de Teoría y Análisis, hizo grandes ajustes en esa área. Estos cambios, fueron muy importantes para el plan que ya estaba totalmente en marcha, incorporó materias con enfoque teórico-conceptual y analítico a lo largo de toda la carrera. Esos cambios los pudo hacer hasta que dejó la Secretaría Académica, porque el trabajo administrativo resulta también abrumador.


¿Para entonces seguías trabajando en el despacho?

Si, en ese momento todavía combinaba mi actividad académica y el trabajo profesional, lo cual disfruté muchísimo; pero llegó a ser agotador. Empecé a trabajar en un nuevo despacho, y también como freelance para mi cartera de clientes que empezaba a crecer. El trabajo profesional es desgastante, horas de movimiento en la calle, visitas a clientes, a proveedores y administrarte, diseñas a todas horas y te desvelas mucho. Así que ir a la EDINBA resultaba refrescante, me encantaban los días que me tocaba ir a la escuela a dar clases. Poco a poco el trabajo se empezó a intensificar, sobre todo con el cargo de la coordinación, así que llegó el momento que en el aspecto profesional decidí dedicarme exclusivamente a mis clientes y dejé el despacho.


¿Alguna vez tomaste un año sabático y en qué consistió?

Sí, en 2009 solicité el beneficio de un año sabático. El proyecto estuvo relacionado a impulsar en la escuela un taller de cerámica: revisé programas relacionados, visité talleres y fábricas de cerámica, trabajé sobre un programa de un curso enfocado a diseñadores y presupuestos para montar un taller en la Escuela. Fue una buena experiencia, pero difícil que prosperara por la falta de recursos.


¿Cómo te animaste a ser Secretaria Académica?

Cuando me reincorporé después del año sabático, la maestra Berenice Miranda, en ese momento directora de la Escuela, me invitó a colaborar. El maestro Fernando Rodríguez quién ocupaba la Secretaría Académica había decidido separarse del cargo que había desempeñado con visión y mucha dedicación durante 5 años. Ahora que lo pienso, acepté porque regresé renovada del sabático. El cargo lo ocupé por tres años, de 2010 a 2013.


¿Por qué decidiste concursar para directora de la Escuela?

Pues es una situación factible que se presenta de pronto frente a ti. Las actividades que había realizado y las responsabilidades adquiridas hasta el momento, me brindaron un panorama y perspectiva objetiva de la institución, por lo que la posibilidad de ser directora la imaginaba como consecuencia natural de responsabilidad y un honor como exalumna y docente. Sin embargo, el proceso de la candidatura fue un reto complejo, pues al mismo tiempo ocupaba la Secretaría Académica que implicaba mucho trabajo. Fui directora de la EDINBA del 2013 al 2017 y sí, fue un reto y un privilegio.


¿Qué satisfacciones te dejó ser directora de la EDINBA?

El trabajo directo con la comunidad es un privilegio. La dirección en una escuela como la EDINBA implica muchas horas de atención, escucha y la gestión para la resolución de problemas inmediatos con los estudiantes, los docentes y los trabajadores. Es un esfuerzo de atención y empatía que te deja grandes aprendizajes personales.

El cargo de la dirección procura herramientas para que las ideas se concreten. Por ejemplo, proponer y gestionar convenios, procesos, actividades o eventos que sumen beneficios académicos y que se conviertan en realidad. Para lograrlo es fundamental la colaboración y la confianza de los equipos de trabajo. Cuando se suman las voluntades y se concreta lo esperado, queda la satisfacción de haber aportado un granito de arena a la formación de diseñadores.

En particular, durante mi encargo como directora, fue motivo de placer el trabajo de gestión con la comunidad, con autoridades y con personas o instituciones externas; por ejemplo, el apoyo a iniciativas estudiantiles como un evento denominado Experimental Fashion Day, la organización de cinco ediciones del Foro Interdisciplinar de Diseño o la colaboración académica interinstitucional.


¿Cuántas Bienales Nacionales de Diseño te tocó organizar, y que experiencias tuviste de esos eventos tan importantes?

Durante la dirección nos tocó organizar tres bienales: la séptima, la octava y la novena edición. Eventos muy interesantes y considero de relevancia, pero fue compleja su organización porque la responsabilidad recaía totalmente en la Escuela. El INBA apoyó de manera limitada sobre todo para los espacios de exhibición y los eventos de premiación. Sin embargo, logramos adaptarnos a los recursos limitados.

Fue una aventura la difusión, la gestión de la plataforma para inscripción y albergar los trabajos, conseguir las sedes para las exposiciones y para el evento de premiación, organizar los jurados, tramitar los recursos para los premios, para el montaje, para la impresión del catálogo, y movernos como equipo para que se llegara a buen puerto con este compromiso institucional y de difusión del diseño nacional. La Séptima Bienal fue una buena experiencia para mí, porque en esta edición aprendí sobre su logística y complejidad. El Museo de San Carlos, albergó la exposición en una pequeña Galería, pero para la octava y para la novena, logramos mejorar las sedes, que fueron más grandes y con mayor difusión.

La organización de la Octava Bienal fue un reto mayor. Innovamos las bases de participación para que tuviera coherencia con el enfoque de diseño de la Escuela. Las bienales anteriores, convocaban a participar en las categorías tradicionales del diseño —gráfico, industrial y textil— enfatizando en especialidades como diseño editorial, multimedia, diseño de muebles, vestuario, entre otros. Para esta edición en el año 2015, convocamos a diseñadores que tuvieran proyectos de impacto social, así que las categorías para inscribir los trabajos giraron hacia el Diseño socialmente responsable, Diseño para el desarrollo y promoción económica y Diseño para el desarrollo y novedad tecnológica. Ampliamos la categoría dirigida a estudiantes, que generalmente participaban con sus trabajos recepcionales de Diseño gráfico e industrial. En esta bienal incluimos un premio especial de Diseño sostenible. Tuvimos como aliado a Industrias Peñoles con un premio especial de joyería.

El trabajo de los jurados fue retador. Llegaron diseños de muchos estados del interior de la República y de gran variedad; proyectos elaborados por colectivos o por individuos, para grandes corporaciones o para comunidades de artesanos, instalaciones de espacios, objetos y muebles novedosos, campañas sociales, infografías, documentos educativos, diseños identitarios de emprendedores, proyectos para instituciones públicas o privadas, en fin. Al concluir la selección, a pesar de su complejidad, dejó evidencia de cómo el diseño toma nuevas rutas de trabajo para mejorar la calidad de vida de las personas y de comunidades, para proponer soluciones sostenibles, y otras tantas que están innovando en tecnologías propias de nuestro contexto. La sede que nos albergó fue recomendada por la Autoridad del Centro Histórico, con quienes habíamos tenido acercamiento, se trataba de la Fundación Concepción Beisteguí que nos prestó con mucho entusiasmo un área del Exconvento Regina Coeli en el Centro Histórico de la Ciudad.

El montaje no fue fácil, pues el espacio no estaba adaptado para exposiciones. Contamos con cierta colaboración de un museógrafo recomendado por la directora del Museo Carrillo Gil, pero la dedicación del personal de mantenimiento de la Escuela, del equipo de Difusión y del Departamento de Administración lograron lo que parecía imposible, montar una bellísima exposición de trabajos representativos de la Bienal. Fue un botón de muestra del diseño con perspectiva social de todo el país.

La convocatoria para la Novena Bienal Nacional de Diseño en 2017 mantuvo el mismo enfoque de la octava edición con algunas variantes en las categorías especiales. En alianza con el Instituto Nacional del Emprendedor dependiente de la Secretaría de Economía, lanzamos la categoría de Emprendimiento basado en Diseño y se abrió por primera vez la categoría de Investigación, que reconoció el trabajo de investigaciones elaboradas en los posgrados de diseño del país. Para los premios de esta edición también contamos con aliados como Fundación INBA, la Organización de Estados Americanos y la empresa Tane. Una variante interesante fue la incorporación del evento dentro del marco del Design Week México.

Gracias a la colaboración de Elsa Torres, docente de Educación Continua de la Escuela, logramos el apoyo de la Secretaría de Hacienda, nos abrieron las puertas de la Galería de la Secretaría para el montaje de la muestra de trabajos con el apoyo de su equipo de museografía y el Museo del Arzobispado ubicado en la calle de Guatemala para realizar la ceremonia de premiación. Las autoridades de los recintos nos recibieron con el interés por lo que el diseño aporta a la cultura; así fue como esta novena edición concluyó con éxito.


Entre la séptima y la octava bienal, se organizó el Experimental Fashion Day, ¿Podrías platicar más ampliamente de este evento?

Como te comentaba, estos eventos fueron de las actividades de apoyo que más disfruté. Por iniciativa de Ignacio Barrera y Mauricio Aguilar, alumnos de la Licenciatura en Diseño, en 2012 solicitaron la colaboración de la Secretaría Académica y de la Dirección para realizar un taller de colaboración y aprendizaje sobre moda y confección, en la que participarían docentes con amplia experiencia y estudiantes. Ellos organizaron el programa y logística durante tres años consecutivos; la Escuela y su equipo, facilitó espacios y gestiones para que se pudiera llevar a cabo esta iniciativa. Organizaron conferencias, clases magistrales y pasarelas para difundir los resultados. Las pasarelas de los dos primeros eventos se realizaron en la Escuela, pero en 2014 el evento lo inscribimos en el Abierto Mexicano de Diseño, un pretexto para gestionar con la directora del Museo Nacional de San Carlos, el préstamo del recinto. Fue un evento muy vistoso, ¡muy padre! con el marco del Museo. Los resultados del taller de diseño en el que participaron estudiantes de licenciatura y posgrado fueron sobresalientes. Confeccionaron una colección de prendas con el tema del “Darwinismo lo esencial”. El concepto del minimalismo en la naturaleza lució mucho durante la pasarela. Consiguieron modelos profesionales, maquillaje y la sesión fotográfica. Para la producción contamos con la colaboración del exalumno Miguel Ángel Domínguez (q.e.p.d.) que era creativo en eventos de producción. Nos ayudó con la música, la iluminación, el video y con equipo humano y de infraestructura. Desde luego, la participación del equipo de la Escuela y del INBA fue fundamental. No faltaron algunos inconvenientes antes del evento, pues ocupar un recinto histórico tiene sus dificultades. Así, en el proceso se aprende a la resolución de problemas.

Unas semanas después, en la galería de la EDINBA se mostró el resultado del Experimental Fashion Day, que dio continuidad a la difusión de resultados.


¿Podrías ampliar más sobre tu gestión para el desarrollo en cinco ediciones del Foro Interdisciplinar de Diseño?

La primera experiencia en este Foro Interdisciplinar de Diseño fue como Secretaria Académica, que junto con la dirección de la maestra Berenice Miranda propusimos que este foro académico fuera organizado por las Especialidades de la Escuela. El objetivo fue encontrar temas de interés y conocimientos comunes para todas las disciplinas del diseño, así como apostar a un punto de convergencia para la discusión y el crecimiento académico. Los coordinadores de las Especialidades colaboraron como comité organizador, se llevaron a cabo mesas de reflexión y conferencias magistrales con tiempos para dialogar. Se contó con la presencia de invitados especiales, expertos del tema a abordar, alumnos de los posgrados, docentes y público en general. Con este formato dirigí el foro en cinco ocasiones.

El foro nació en 2013, se centró en el tema del mercado y la producción editorial. El segundo foro, al año siguiente, tuvo como objetivo reflexionar sobre la importancia de conocer, estudiar, analizar los públicos, usuarios o consumidores para quiénes se diseña desde las diferentes necesidades del Diseño y con una visión interdisciplinaria. En 2015, nos ocupamos de las perspectivas y dilemas éticos que inciden en la profesión del diseño y en el ámbito social del diseñador. El cuarto foro fue en 2017, abordó las consideraciones legales que influyen en la disciplina y en la toma de decisiones de los profesionales del diseño y en 2018, nos ocupamos del Diseño hacia la responsabilidad social. En esta ocasión, fue la primera vez que el foro se llevó a cabo fuera de las instalaciones de la Escuela, en el auditorio del Museo Nacional de Antropología.

En las diferentes ediciones del foro contamos con personalidades muy interesantes que nos compartieron experiencias y conocimientos importantes de atender. Por ejemplo y entre otros, tuvimos la presencia de egresados de la Licenciatura con trayectorias relevantes en el diseño de prensa como Gabriela Schmidt y Ernesto Alcántara. A expertos en investigación de públicos o usuarios con enfoque de diseño como Roberto Holguín, Angélica Martínez Aguayo, Karla Paniagua, Jani Galland y Luis Rodríguez. Para reflexionar sobre ética escuchamos a Manuel Gil Antón, Alejandro Calvillo, Martha Turok y a Fernando Rodríguez o en el ámbito del derecho a Jesús Parets Gómez, y cuando abordamos el tema del diseño y su responsabilidad en la sociedad contamos con presencias como Leticia Bonifaz, Martha Delgado, Gonzalo Peón o Jorge Camacho.

En 2016, la Escuela de Diseño, celebró los 20 años de los estudios de posgrado, por esa razón no se llevó a cabo el Foro Interdisicplinar de Diseño, pues decidimos organizar un evento diferente invitando a participar a 14 instituciones educativas para platicar sobre lo que se hace en los posgrados del país y su futuro. El evento se llamó “Reflexiones sobre posgrados de Diseño en México”. Se organizaron mesas de diálogo con temáticas específicas. La participación fue relevante por la presencia de académicos de otras instituciones del país; afortunadamente contamos con el apoyo económico del INBA para el traslado y hospedaje de los invitados. Fue un evento notable que por primera vez reunió en una institución a los representantes de los posgrados de diseño del país para intercambiar perspectivas e intereses.

Por cierto, las reflexiones de estos foros, entre otros referentes, nos dieron un panorama de nuevos enfoques y contenidos que incluimos en el rediseño del plan de estudios de la Licenciatura en Diseño, que concluyó en enero del 2018.


Cuéntanos sobre la renovación del plan de estudios de la Licenciatura en Diseño

Un compromiso fundamental de mi gestión fue el rediseño del plan de estudios de la Licenciatura en Diseño. Ante nuevos contextos para la disciplina y la educación, era urgente trazar pautas y pistas para la transformación y adecuación de las formas de diseñar y de aprender.

En 2018 logramos una primera meta: el documento del plan de estudios donde nuevos modelos, enfoques, dinámicas, procesos y contenidos quedaron asentados. Fue un trabajo colegiado de cuatro años —de 2014 a 2017— encabezado por un equipo académico comprometido y consciente de la necesidad de cambio, que imaginaba nuevas formas para el aprendizaje del diseño. Los trabajos estuvieron encabezados por: Fernando Rodríguez, Margarita Landázuri, Rebeca Aguilar, Verónica Alvarado, Alejandro Velázquez, Andrea Escobar y Omar Mendoza. También se conformaron comisiones docentes que propusieron contenidos debido a los niveles de aprendizaje, y contamos durante el proceso de la colaboración y respaldo de la Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas (SGEIA).

El nuevo enfoque promete un plan de estudios flexible, procura un aprendizaje significativo y formar nuevas competencias para los futuros diseñadores, considerando las nuevas realidades profesionales y personales. Incorpora temas transversales como la sustentabilidad y el impacto social del diseño. En los próximos años esperaríamos que el proyecto académico intensifique la participación de quienes estamos involucrados para su fortalecimiento y mejora.

Estos procesos que involucran diversidad de experiencias, enfoques y creencias, encuentran en el camino diferencias y resistencias. El rediseño de este plan no fue ajeno a esta circunstancia, pues hubo manifestaciones de inconformidad de algunos miembros de la comunidad.


¿Cuáles fueron las actividades más complicadas o que menos te gustaron como directora?

Cuando ocupas un encargo de esta naturaleza debes trabajar en varias pistas al mismo tiempo. Por ejemplo, las que te ocupan en el interior de la Escuela, las que corresponden al trabajo con las autoridades del INBA y las de vinculación con actores externos.

La atención a trámites, requerimientos y solicitudes de las autoridades e instancias del INBA absorben mucho tiempo, son engorrosas y pienso que en muchas ocasiones, innecesarias. Pero debes atenderlas porque gran parte de la operación de las escuelas depende de las áreas administrativas y los trámites que ahí se resuelven.


Como directora, te tocaron dos situaciones delicadas en nuestra historia reciente, que fueron: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y posteriormente el sismo del 19 de septiembre de 2017. ¿Nos podrías platicar al respecto?

Sí efectivamente, fueron dos momentos que preocuparon y ocuparon. Cuando ocurrió la desaparición de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, se movilizaron muchas comunidades. Fue de reconocer la solidaridad de nuestros estudiantes que se unieron a las manifestaciones y demandas a las autoridades federales. Como parte del movimiento propusieron un paro activo, montaron un campamento en la Escuela y se unieron a las marchas de protesta. Lo que nos mantuvo en alerta y preocupados por su seguridad.

Por otro lado, a las autoridades del INBA, les inquietaba que las manifestaciones se pudieran exacerbar y nos pedían continuamente el pulso de la situación. Los directores de las escuelas quisimos expresar una postura a través de un comunicado de apoyo a las movilizaciones de estudiantes que se intensificaron durante algunas semanas. Muchos rectores y directores de facultades del país lo habían hecho, por lo que nos parecía congruente. No lo logramos en el primer intento. Fue después de un diálogo de convencimiento que se publicó un comunicado conjunto de solidaridad con los estudiantes.

Otro momento muy complicado y demandante fue el día del sismo y las semanas siguientes al evento. Desde luego nos preocupaba la integridad de la comunidad y la seguridad del inmueble. Las revisiones estructurales fueron largas y numerosas, la zona aledaña sufrió un fuerte impacto lo que nos impidió regresar a ocupar el inmueble con toda la seguridad. Estuvimos trabajando a distancia y en sedes alternas. El Subdirector General de aquel momento, el maestro Sergio Rommel me solicitó buscar un posible inmueble para mudarnos en caso de que se dificultara el retorno. Afortunadamente, regresamos a casa.


¿Qué cambios has visto en la Escuela a lo largo de tu trayectoria?

Muchos cambios. A lo largo de los años fui testigo de la proyección que tuvo a partir de la fundación de su Unidad de Posgrado; del intenso trabajo que se vivió para la creación de sus programas académicos de licenciatura, especialidades y maestrías; de los trabajos colegiados para la revisión de contenidos y para la incorporación de dinámicas didácticas novedosas y su reglamentación; de la puesta en marcha de acciones para su mejor operación académica y administrativa. La EDINBA es una institución en continua transformación con una comunidad que impulsa el cambio y se adecúa a las circunstancias que la rodean. No cabe duda que ha sido y es un referente de la educación del diseño en nuestro país.


¿Cómo ves la profesión del diseño en la actualidad?

En nuestro contexto nacional, es una profesión de contrastes. Por un lado, el diseño es un factor para sobrevivir al cambio, a la competencia, a la vulnerabilidad. Pero por otro lado veo la indiferencia a la profesión por sectores improvisados, que desconocen los impactos del diseño y sobreviven con la copia, con el software, o que aparentemente resuelven necesidades inmediatas con quien no tiene las competencias profesionales. Ahora bien, para posicionarte como diseñador en una profesión tan competida, debes desarrollar nuevas habilidades y capacidades como la flexibilidad para adaptarte a diferentes ambientes, integrarte con facilidad a equipos de trabajo, generar el contenido y no solo diseñarlo, pensar de manera estratégica y ser proactivo.


¿Qué hacer para que la Licenciatura en Diseño no pierda vigencia?

Será importante que no perdamos de vista el contexto global, nacional y local donde el diseño puede incidir e impactar. Debemos continuar capacitándonos sobre los enfoques y recursos novedosos que surgen para la educación y el diseño; flexibilizar nuestros espacios académicos para que los estudiantes también influyan en su aprendizaje; y no perder de vista que debemos adaptarnos a los cambios de escenarios y paradigmas, que es la propia lógica y razón del diseño.